miércoles, junio 13, 2007

¿Sociedad o humanidad?

"La sociedad humana nace, para oponérsele, de su contrario orgánico, individual, animal, como de una nada o una nebulosa, después de un período de vacilación en los pueblos salvajes "naturales". El primitivismo, hecho e idea, atestigua la génesis de las diferencias y antagonismos fundadores de nuestra realidad específica. Indica menos el instante de un comienzo que el de una ruptura; menos los atributos de un estado de comunidades humanas que la generación, a partir de la creación de estas comunidades, de algo que podría considerarse como un accidente o una insinificancia. De lo prehumano a lo humano, se sigue una progresión indeterminada sobre una escala de valores y de complicaciones. Nuestras sociedades, sobre todo las más recientes, se describen a la vez como las más completas y las más complejas. En cada etapa del desarrollo contendrían menos de lo natural y más de lo cultural, suprimiendo, cada vez más, lo primero para favorecer lo segundo. Su cualidad de excepción y de unicidad invita a buscar una causa excepcional, a ligarlas a su acontecimiento único. La superioridad de la sociedad se convierte así en el principio explicativo y en el fenómeno a explicar. Es por ello que se busca siempre describir la formación del vínculo humano por medio de razonamientos que legitimen su perdurabilidad y, al mismo tiempo, justifiquen sus ventajas. Nosotros lo hemos comprobado. La aparición de la sociedad -la causalidad se confirma desde entonces como excepcional- está asociada a la necesidad de superar un pasado animal, de suprimir la inminencia de una recaída para el caso de que los agujeros d ela naturaleza no estuvieran tapados, limadas sus imperfecciones, combatidas sus manifestaciones. La sociedad llega imponiendo su disciplina a los individuos, haciéndose independiente de ellos. La turbulencia de las instancias orgánicas, la promiscuidad de las relaciones, pero también la escasez de recursos en el mundo, la fertilidad invasora de las poblaciones o la inmensidad de las potencias materiales, se mencionan entre las carencias o las amenazas que nos han exigido y continúan exigiéndonos una respuesta colectiva vigorosa, a fin de llenar los vacíos o de reducir los excesos. Las costumbres, las instituciones, las prohibiciones que los hombres se dictan mutuamente, se dirigen contra el fondo biológico que permanece en ellos, contra la incertidumbre de sus comportamientos individuales. Si todo en el universo y en nosotros mismos funcionara armoniosamente, el fenómeno social no tendría razón para singularizarse. Está ahí, nosotros lo hemos originado, penosamente, con la intención de corregir, cuando hemos sentido la necesidad, la economiá defectuosa del universo o del organismo, atadura precoz de una especie en lucha con los rigores de un medio inclemente y con una fuerza psicobiológica desbordante. La imposición de un control, de una regulación contractual de las interacciones, es simultáneamente la solución aportada a un problema general que no había sido resuelto en la escala animal y el medio profético imaginado para hacer frente a nuestros adversarios. Control y regulación definen a la sociedad que se apoya en ellos como una negación de todo lo que es inclinación física espontánea, diferencia entre los sujetos actuantes, dada naturalmente en nosotros y fuera de nosotros. Se la sitúa también como una realidad secundaria en cuanto a su génesis y a su importancia en la vida de los seres, exceptuando al hombre. En razón de esto, frente a las tendencias contradictorias, caóticas, frente a la tiranía de las necesidades y de los congéneres, asegura el equilibrio y la armonía; encarna la ley moral en el interior de sí y la solidaridad con los prójimos, fuera de sí. Pero, también en este caso, sigue siendo una realidad ficticia."*

(*) Moscovici, Serge
Sociedad contra natura
Siglo XXI Editores 1975
pp.170-171

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