"La sociedad humana nace, para oponérsele, de su contrario orgánico, individual, animal, como de una nada o una nebulosa, después de un período de vacilación en los pueblos salvajes "naturales". El primitivismo, hecho e idea, atestigua la génesis de las diferencias y antagonismos fundadores de nuestra realidad específica. Indica menos el instante de un comienzo que el de una ruptura; menos los atributos de un estado de comunidades humanas que la generación, a partir de la creación de estas comunidades, de algo que podría considerarse como un accidente o una insinificancia. De lo prehumano a lo humano, se sigue una progresión indeterminada sobre una escala de valores y de complicaciones. Nuestras sociedades, sobre todo las más recientes, se describen a la vez como las más completas y las más complejas. En cada etapa del desarrollo contendrían menos de lo natural y más de lo cultural, suprimiendo, cada vez más, lo primero para favorecer lo segundo. Su cualidad de excepción y de unicidad invita a buscar una causa excepcional, a ligarlas a su acontecimiento único. La superioridad de la sociedad se convierte así en el principio explicativo y en el fenómeno a explicar. Es por ello que se busca siempre describir la formación del vínculo humano por medio de razonamientos que legitimen su perdurabilidad y, al mismo tiempo, justifiquen sus ventajas. Nosotros lo hemos comprobado. La aparición de la sociedad -la causalidad se confirma desde entonces como excepcional- está asociada a la necesidad de superar un pasado animal, de suprimir la inminencia de una recaída para el caso de que los agujeros d ela naturaleza no estuvieran tapados, limadas sus imperfecciones, combatidas sus manifestaciones. La sociedad llega imponiendo su disciplina a los individuos, haciéndose independiente de ellos. La turbulencia de las instancias orgánicas, la promiscuidad de las relaciones, pero también la escasez de recursos en el mundo, la fertilidad invasora de las poblaciones o la inmensidad de las potencias materiales, se mencionan entre las carencias o las amenazas que nos han exigido y continúan exigiéndonos una respuesta colectiva vigorosa, a fin de llenar los vacíos o de reducir los excesos. Las costumbres, las instituciones, las prohibiciones que los hombres se dictan mutuamente, se dirigen contra el fondo biológico que permanece en ellos, contra la incertidumbre de sus comportamientos individuales. Si todo en el universo y en nosotros mismos funcionara armoniosamente, el fenómeno social no tendría razón para singularizarse. Está ahí, nosotros lo hemos originado, penosamente, con la intención de corregir, cuando hemos sentido la necesidad, la economiá defectuosa del universo o del organismo, atadura precoz de una especie en lucha con los rigores de un medio inclemente y con una fuerza psicobiológica desbordante. La imposición de un control, de una regulación contractual de las interacciones, es simultáneamente la solución aportada a un problema general que no había sido resuelto en la escala animal y el medio profético imaginado para hacer frente a nuestros adversarios. Control y regulación definen a la sociedad que se apoya en ellos como una negación de todo lo que es inclinación física espontánea, diferencia entre los sujetos actuantes, dada naturalmente en nosotros y fuera de nosotros. Se la sitúa también como una realidad secundaria en cuanto a su génesis y a su importancia en la vida de los seres, exceptuando al hombre. En razón de esto, frente a las tendencias contradictorias, caóticas, frente a la tiranía de las necesidades y de los congéneres, asegura el equilibrio y la armonía; encarna la ley moral en el interior de sí y la solidaridad con los prójimos, fuera de sí. Pero, también en este caso, sigue siendo una realidad ficticia."*
(*) Moscovici, Serge
Sociedad contra natura
Siglo XXI Editores 1975
pp.170-171
miércoles, junio 13, 2007
viernes, diciembre 15, 2006
El Animal
"El animal, según Hegel, posee una conciencia inmediata del mundo exterior, un sentimiento de sí, pero no la conciencia de sí mismo, que distingue al hombre. Éste no nace realmente hasta el instante en que cobra conciencia de sí mismo en tanto que sujeto cognoscente. Es, pues, esencialemente, conciencia de sí. La conciencia de sí, para afirmarse, ha de distinguirse de lo que no es ella. El hombre es la criatura que, para afirmar su ser y su diferencia, niega. Lo que distingue la conciencia de sí del mundo natural no es la simple contemplación por la que se identifica con el mundo exterior y se olvida de sí misma, sino el deseo que puede experimentar respecto del mundo. Este deseo la vuelve a sí misma en el tiempo en que le muestra el mundo exterior como diferente. En su deseo, el mundo exterior es lo que ella no tiene, y que es, pero que quiere tener para ser, y para que él ya no sea. La conciencia de sí es, pues, necesariamente, deseo. Pero para ser, es preciso que esté satisfecha; no puede satisfacerse más que por la satisfacción de su deseo. Actúa, pues, para satisfacer y, haciéndolo, niega, suprime aquello con que se satisface. Es negación. Actuar es destruir para hacer nacer la realidad espiritual de la conciencia. Pero destruir un objeto sin conciencia, como la carne, por ejemplo, en el acto de comer, es también lo propio del animal. Consumir no es aún ser consciente. Es preciso que el deseo de la conciencia se dirija a algo que sea distinto de la naturaleza sin conciencia. Lo único en el mundo que se distingue de esta naturaleza es precisamente la conciencia de sí. El deseo tiene que aplicarse, pues, a otro deseo, que la conciencia de sí se satisfaga con otra conciencia de sí. En lenguaje simple, el hombre no es reconocido y no se reconoce como hombre mientras se limita a subsistir animalmente. Tiene que ser reconocido por los otros hombres. Toda conciencia, en su principio, es deseo de ser reconocida y saludada como tal por las otras conciencias. Son los otros los que nos engendran. En sociedad, únicamente, recibimos un valor humano, superior al valor animal.
Siendo el valor supremo para el animal la conservación de la vida, la conciencia debe elevarse por encima de este instinto para recibir el valor humano. Ha de ser capaz de poner en juego su vida. Para ser reconocido por otra conciencia, el hombre tiene que estar dispuesto a arriesgar su vida y aceptar la posibilidad de la muerte. Las relaciones humanas fundamentales son así relaciones de puro prestigio, una lucha perpetua, que se paga con la muerte, para el reconocimiento del uno por el otro.
La historia entera de los hombres no es, en cualquier caso, más que una larga lucha a muerte por la conquista del prestigio universal y del poder absoluto". (*)
(*) Camus, Albert
El hombre rebelde
Alianza Editorial 2005
pp.166-167
Siendo el valor supremo para el animal la conservación de la vida, la conciencia debe elevarse por encima de este instinto para recibir el valor humano. Ha de ser capaz de poner en juego su vida. Para ser reconocido por otra conciencia, el hombre tiene que estar dispuesto a arriesgar su vida y aceptar la posibilidad de la muerte. Las relaciones humanas fundamentales son así relaciones de puro prestigio, una lucha perpetua, que se paga con la muerte, para el reconocimiento del uno por el otro.
La historia entera de los hombres no es, en cualquier caso, más que una larga lucha a muerte por la conquista del prestigio universal y del poder absoluto". (*)
(*) Camus, Albert
El hombre rebelde
Alianza Editorial 2005
pp.166-167
viernes, agosto 04, 2006
Del porque todos somos animales
Todos somos animales, por naturaleza.
Ésta naturaleza es la que nos hace actuar e interactuar a partir de los actos que definen al hombre como tal.
En donde el fin primigenio es: la preservación de la especie humana por encima de todas las cosas.
En tanto que animales, necesitamos de un periodo determinado de vida para lograr aquello que nos es inherente, nacer, crecer, reproducirse y morir, para, nuevamente, cumplir el ciclo, pero es aquí, en ésta circunstancia, en donde tiene lugar el fénomeno que nos acompaña desde épocas primitivas.
El status que nos diferencia de los demas.
(Si yo soy único e irrepetible, por antonomasía, mi status ya es diferente al del otro, nunca seremos iguales).
Este status nos da la pauta para aprender las características que desarrollaremos a lo largo de nuestra vida y con el cual crecemos y aprehendemos a definir con el paso del tiempo.
Este status puede ser: físico (interno y externo), social, ecónomico, cultural, religioso, político, sexual y mental, por mencionar los principales y los que mueven el mundo en el que vivimos.
Uno de éstos status influye o llega a dominar a los otros, es decir, se coloca por encima de los demás en aras de validarlo, incrementarlo, depurarlo o hacerlo evidente en la sociedad con la que se vive.
Lo que se logra es dividir y diferenciar a unos individuos de otros, para tener la oportunidad de lograr los fines que como individuos les convenga, cualquiera que sean los intereses de éstos últimos.
Éste status puede etiquetar a los individuos para que tengan un lugar, precisamente, en los mismos grupos que crean con el status.
Más adelante: EL STATUS Y SU CLASIFICACIÓN
Ésta naturaleza es la que nos hace actuar e interactuar a partir de los actos que definen al hombre como tal.
En donde el fin primigenio es: la preservación de la especie humana por encima de todas las cosas.
En tanto que animales, necesitamos de un periodo determinado de vida para lograr aquello que nos es inherente, nacer, crecer, reproducirse y morir, para, nuevamente, cumplir el ciclo, pero es aquí, en ésta circunstancia, en donde tiene lugar el fénomeno que nos acompaña desde épocas primitivas.
El status que nos diferencia de los demas.
(Si yo soy único e irrepetible, por antonomasía, mi status ya es diferente al del otro, nunca seremos iguales).
Este status nos da la pauta para aprender las características que desarrollaremos a lo largo de nuestra vida y con el cual crecemos y aprehendemos a definir con el paso del tiempo.
Este status puede ser: físico (interno y externo), social, ecónomico, cultural, religioso, político, sexual y mental, por mencionar los principales y los que mueven el mundo en el que vivimos.
Uno de éstos status influye o llega a dominar a los otros, es decir, se coloca por encima de los demás en aras de validarlo, incrementarlo, depurarlo o hacerlo evidente en la sociedad con la que se vive.
Lo que se logra es dividir y diferenciar a unos individuos de otros, para tener la oportunidad de lograr los fines que como individuos les convenga, cualquiera que sean los intereses de éstos últimos.
Éste status puede etiquetar a los individuos para que tengan un lugar, precisamente, en los mismos grupos que crean con el status.
Más adelante: EL STATUS Y SU CLASIFICACIÓN
viernes, julio 28, 2006
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